Instrucciones para la Práctica de Shámata

Instrucciones para la práctica de shámata

basadas en las

enseñanzas de Padmasambhava


En primer lugar, las preliminares.

Contemple los “Cuatro pensamientos que transforman la mente”:

1) el nacimiento humano precioso, 2) la impermanencia y la muerte, 3) el karma, la ley de causa y efecto, 4) el sufrimiento en los ciclos de la existencia condicionada.

Podrá leer enseñanzas sobre los cuatro pensamientos en los libros Puertas a la Práctica Budista de Chagdud Rinpoché y en Comentarios sobre la Práctica de Ngöndro, de Chagdud Khadro. Las contemplaciones, combinadas con el descansar de la mente, son en sí un entrenamiento en shámata.

Tome refugio y establezca la bodhicitta:

Con fe y devoción refúgiese en las Tres Joyas: el Buda, el Dharma y la Sangha.

Desarrolle la bodhicitta, la intención iluminada, pensando: “trabajaré continuamente por el bien de los seres sintientes, que han sido todos mis madres en vidas previas. Para consumar esa intención, alcanzaré la iluminación. Con ese fin domaré y entrenaré mi mente mi en la concentración meditativa de shámata, el calmo permanecer”.

En segundo lugar, la práctica principal.

Aquiete la mente a través de las tres posturas:

Cuerpo:

Absténgase de: 1) toda actividad mundana, 2) actividades religiosas que requieran movimiento, como postraciones y la cuenta de mantras en su mala y 3) todo y cualquier movimiento corporal. Siéntese en una buena postura de meditación, como la postura de los siete puntos de Vairochana, o por lo menos mantenga su espalda recta y los ojos abiertos, pero con la mirada dirigida hacia abajo.

Habla:

Absténgase de: 1) toda conversación común, 2) discusiones religiosas y 3) recitación de mantras y de liturgias.

Mente:

Absténgase de: 1) pensamientos negativos, 2) pensamientos positivos e 3) indagaciones intelectuales, tales como las que surgen en el contexto de las prácticas de Mahamudra o de Dzogchen.

El “calmo permanecer” concentrándose en un objeto externo:

Mire hacia abajo, a la altura de su nariz, en dirección al objeto que es el foco de su concentración, bien sea una sílaba semilla, una piedra, una pequeña estatua, o cualquier objeto pequeño. Préstele atención al objeto, sin distracción, evitando la percepción visual de los otros objetos. Permita que su mente descanse en el objeto, en concentración profunda. Si su atención se desvía, retome gentilmente el enfoque y descanse naturalmente.

El “calmo permanecer” concentrándose en un objeto visualizado:

La esfera blanca:

Manteniendo los ojos abiertos, con la mirada dirigida hacia abajo, visualice una pequeña esfera de luz blanca (en sánscrito, bindu; en tibetano, tigle) en su cabeza, entre las cejas. La esfera es vacía pero luminosa, brillante, resplandeciente, como un arcoíris. Preste atención a ella, pero permanezca relajado, de la forma más natural posible.

La esfera roja:

Manteniendo los ojos abiertos, con la mirada dirigida hacia abajo, visualice su cuerpo como si fuera transparente y hueco, como una vaina de luz, clara y vacía. Dentro de esta forma pura de su cuerpo, en el chacra del corazón, visualice una esfera de luz roja, del tamaño de la llama de una vela. Así como una llama ardiente, la esfera roja tiene una pincelada de luz azul. Preste atención a ella, permaneciendo relajado y natural.

En tercer lugar, la conclusión:

Finalizando la sesión:

Relaje su enfoque en el objeto y simplemente descanse la mente: está abierta, natural; está alerta. Cuando comiencen a surgir pensamientos, oriéntelos a la dedicación.

Dedicación:

Puede usar cualquier oración general de dedicación, inclusive la dedicación de la práctica concisa de Tara Roja. El mérito y la sabiduría de la meditación son ofrecidos a todos los seres, para que encuentren alivio de las emociones aflictivas y de la confusión de la existencia condicionada, y para que conozcan el espacio de pureza y lucidez que es su propia naturaleza búdica.